Desde la Panadería
- 17 jul
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Actualizado: 14 ago
Panio —o panem en latín— significa pan. Años más tarde, la palabra francesa compagnon llegó a representar no solo a la persona con quien compartes la mesa de trabajo para hacer pan, sino también a aquella con quien compartes el pan mismo. Creemos en las emociones que viajan con cada hogaza compartida: entre quienes amamos, entre panaderos orgullosos de su oficio y clientes que encuentran alegría en ese sencillo ritual.
Panio es una panadería de inspiración europea en nuestra historia hay más de cien años de experiencia y tradición Desde niño crecí rodeada por los aromas del marsala, el maraschino, el brioche y el panettone; por masas esponjosas que hablaban de largas fermentaciones y del paso paciente del tiempo. Más adelante, durante mi estancia en Francia, quedé cautivado por el levain, los fermentos naturales y las cortezas doradas de las baguettes. Me fascinó el proceso de la fermentación y la creación de distintas masas madre para diferentes panes. Ese instante sigue siendo el que más me emociona: la magia de la fermentación y la alquimia capaz de transformar el trigo en algo vivo. Y precisamente esa experiencia fue la que quise compartir con nuestros amigos en San Miguel de Allende.
Nuestra inspiración nace de la conciencia sobre cómo los alimentos, los espacios y los objetos pueden propiciar encuentros significativos entre las personas. Nos inspiran las reuniones entre amigos y familia, el respeto por el trabajo artesanal y la manera en que el diseño puede dar vida a un concepto que alimenta tanto el cuerpo como el espíritu.
Hacer pan es un oficio exigente. Requiere paciencia, humildad y años de aprendizaje. También exige sensibilidad y conocimiento para comprender lo que sucede en cada etapa del proceso de fermentación y horneado. Solo cuando se unen ambos mundos —la tecnología y la ciencia con las técnicas tradicionales del panadero— podemos innovar con respeto y seguir enriqueciendo aquello que ha acompañado a la humanidad durante más de seis mil años: nuestro querido compagnon, el pan.





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